lunes, 22 de enero de 2018

¿CIVIL WAR?

El 2017 el cine nos trajo  la película “civil war”, que nos narra la historia de los  superhéroes como Batman, Superman, la Mujer Maravilla, etc., que se asume habían aburrido de atrapar a los villanos como el guasón, al general Zhor o combatir  contra los alemanes, porque ahora se agrupaban  para pelear entre ellos, olvidando su principal trabajo, defender a la ciudadanía. Ese relato parece ahora pasado a la realidad con Fuerza Popular donde Keiko Fujimori (¿la mujer maravilla?) y su hermano Kenjy (¿Hulk?) se disputan el liderazgo del principal partido opositor, con una aplanadora de 71 congresistas que pueden hacer o deshacer las cosas a libre albedrío en el Parlamento.
El tema que inicio esta pelea fue el cuestionado indulto al ex-presidente Alberto Fujimori el 24 de diciembre como regalo navideño  del régimen ppcausa al país, pero es importante recordar que esta “papa caliente” fue esquivada por Alan García de taquito a su sucesor Ollanta Humala quien entre las cosas que dijo se encontró “si la familia desea un indulto que presente el documento  respectivo para tramitarlo”, dicho y hecho los hijos le hicieron caso al mandatario; sin embargo fueron palabras que se las llevo el viento , siendo un tema de interés por los medios y los fujimoristas que lo  exigían ¡indulto súbito! (indulto ya) porque el fundador del Cambio 90 se moría en su prisión de Barbadillo, acusándolo de inhumano, chantajista y todos los calificativos  relacionados a tomar una decisión tan controversial.


Con los nuevos aires que trajo PPK, la lideresa de Fuerza Popular derrotada por segunda vez en elecciones presidenciales se propuso obstruir cualquier iniciativa del ejecutivo a través de la moto taxi naranja, mientras Keiko se revolcaba en su lodo de odio, Kenjy dijo algo  muy claro al hablar del tema de la libertad de su padre: “yo solo quiero conseguir el indulto de mi padre”, a la vez que desde principios de año el “benjamín” de los Fujimori aparecía junto a la primera dama o apoyando las ideas de la bancada oficialista, lo que le valió llamadas de atención o  suspensiones de su grupo político  y como en las más truculentas historias  los errores gubernamentales pusieron al borde del abismo la presidencia de la república de PPK, por su relación con Odebrech.

Un momento crucial en la vida republicana pues un escenario así, solo se vio cuando el 2000 el presidente renunció por fax estando desde el extranjero, en la cúspide del reino de la corrupción fujimorista, con elecciones  arregladas y una segunda reelección, ahora era el momento de usar el as bajo la manga y así se hizo, en forma casi secreta Kenjy comenzó a negociar el indulto, desde que se admitió a debate la vacancia, y como todo es debajo de la mesa el panorama era como un agujero negro en el espacio, muestra de ello es el día del debate donde solo los oficialistas defendían  al mandatario, es decir 17 personas, por lo que los   87 votos eran fijos de conseguir a pesar de las abstenciones.
Al final de esta larga jornada parlamentaria donde hubo de todo-hasta hablaron de Condorito- cuando se veía que una guillotina caía sobre la cabeza de PPK, el buen Kenjy dio un golpe de timón restando 10 votos fujimoristas que sumados a la izquierda y uno que otro más, aborto  el propósito de la aplanadora naranja. Las primeras reacciones fue una división de la bancada y como todo buen lector se pudo notar entre líneas que algo había pasado allí porque nadie regala sus votos por amor a nada, saliendo a relucir el tema del indulto, es decir el presidente le debería mantener su banda a un Fujimori.

El acto de “salvar la gobernabilidad” por parte de   Kenjy le valió junto a los otros 9 parlamentarios ser inmediatamente sometidos al Comité de Disciplina y como siempre en sus redes a este grupo los pinto como “los avenger”, repitiendo a los cuatro  vientos al igual que la bancada  oficialista que no hubo negociación, pero la realidad mostró su real rostro, el 24 de diciembre se publicó se indultó a Alberto Fujimori, condenado a 25 años de prisión y obligado a pagar una reparación civil de 50 millones de soles, que agitó las masas no solo de los familiares y organismos de derechos humanos, sino también a los ppcausas. Quizá lo más interesante es que toda esta historia de peleas por el liderazgo, llamadas de atención es  que el líder histórico ya está libre, en su gran casa de la Molina gozando sus días y  su silencio hace sospechar que todo es un teatro, para un recambio de  piezas donde la desgastada Keiko daría paso a un renovado Kenjy, esta novela continua. En política nada es casual.

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