El
2017 el cine nos trajo la película
“civil war”, que nos narra la historia de los
superhéroes como Batman, Superman, la Mujer Maravilla, etc., que se
asume habían aburrido de atrapar a los villanos como el guasón, al general Zhor
o combatir contra los alemanes, porque
ahora se agrupaban para pelear entre
ellos, olvidando su principal trabajo, defender a la ciudadanía. Ese relato
parece ahora pasado a la realidad con Fuerza Popular donde Keiko Fujimori (¿la
mujer maravilla?) y su hermano Kenjy (¿Hulk?) se disputan el liderazgo del
principal partido opositor, con una aplanadora de 71 congresistas que pueden
hacer o deshacer las cosas a libre albedrío en el Parlamento.
El
tema que inicio esta pelea fue el cuestionado indulto al ex-presidente Alberto
Fujimori el 24 de diciembre como regalo navideño del régimen ppcausa al país, pero es
importante recordar que esta “papa caliente” fue esquivada por Alan García de
taquito a su sucesor Ollanta Humala quien entre las cosas que dijo se encontró
“si la familia desea un indulto que presente el documento respectivo para tramitarlo”, dicho y hecho
los hijos le hicieron caso al mandatario; sin embargo fueron palabras que se
las llevo el viento , siendo un tema de interés por los medios y los
fujimoristas que lo exigían ¡indulto
súbito! (indulto ya) porque el fundador del Cambio 90 se moría en su prisión de
Barbadillo, acusándolo de inhumano, chantajista y todos los calificativos relacionados a tomar una decisión tan
controversial.
Con
los nuevos aires que trajo PPK, la lideresa de Fuerza Popular derrotada por
segunda vez en elecciones presidenciales se propuso obstruir cualquier
iniciativa del ejecutivo a través de la moto taxi naranja, mientras Keiko se
revolcaba en su lodo de odio, Kenjy dijo algo
muy claro al hablar del tema de la libertad de su padre: “yo solo quiero
conseguir el indulto de mi padre”, a la vez que desde principios de año el
“benjamín” de los Fujimori aparecía junto a la primera dama o apoyando las
ideas de la bancada oficialista, lo que le valió llamadas de atención o suspensiones de su grupo político y como en las más truculentas historias los errores gubernamentales pusieron al borde
del abismo la presidencia de la república de PPK, por su relación con Odebrech.
Un
momento crucial en la vida republicana pues un escenario así, solo se vio
cuando el 2000 el presidente renunció por fax estando desde el extranjero, en
la cúspide del reino de la corrupción fujimorista, con elecciones arregladas y una segunda reelección, ahora era
el momento de usar el as bajo la manga y así se hizo, en forma casi secreta Kenjy
comenzó a negociar el indulto, desde que se admitió a debate la vacancia, y
como todo es debajo de la mesa el panorama era como un agujero negro en el
espacio, muestra de ello es el día del debate donde solo los oficialistas
defendían al mandatario, es decir 17
personas, por lo que los 87 votos eran
fijos de conseguir a pesar de las abstenciones.
Al
final de esta larga jornada parlamentaria donde hubo de todo-hasta hablaron de
Condorito- cuando se veía que una guillotina caía sobre la cabeza de PPK, el
buen Kenjy dio un golpe de timón restando 10 votos fujimoristas que sumados a
la izquierda y uno que otro más, aborto
el propósito de la aplanadora naranja. Las primeras reacciones fue una
división de la bancada y como todo buen lector se pudo notar entre líneas que
algo había pasado allí porque nadie regala sus votos por amor a nada, saliendo
a relucir el tema del indulto, es decir el presidente le debería mantener su
banda a un Fujimori.
El acto de “salvar la
gobernabilidad” por parte de Kenjy le
valió junto a los otros 9 parlamentarios ser inmediatamente sometidos al Comité
de Disciplina y como siempre en sus redes a este grupo los pinto como “los
avenger”, repitiendo a los cuatro
vientos al igual que la bancada
oficialista que no hubo negociación, pero la realidad mostró su real
rostro, el 24 de diciembre se publicó se indultó a Alberto Fujimori, condenado
a 25 años de prisión y obligado a pagar una reparación civil de 50 millones de
soles, que agitó las masas no solo de los familiares y organismos de derechos
humanos, sino también a los ppcausas. Quizá lo más interesante es que toda esta
historia de peleas por el liderazgo, llamadas de atención es que el líder histórico ya está libre, en su
gran casa de la Molina gozando sus días y
su silencio hace sospechar que todo es un teatro, para un recambio
de piezas donde la desgastada Keiko
daría paso a un renovado Kenjy, esta novela continua. En política nada es
casual.
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