En últimos informes
conocidos se ha revelado que nuestro
país tiene 140 universidades, a primera
vista esto nos presenta un panorama alentador, porque los jóvenes que terminan la
secundaria buscan su rumbo profesional proyectándose los nuevos doctores,
abogados, ingenieros, administradores, agentes de turismo, etc. Pero que tan
real puede ser esta abundancia de centros superiores de estudio que superan
incluso a las que funcionan en países
europeos.
Antes de los 90, los salientes
escolares pensaban como fin supremo ingresar a la Universidad San Marcos, UNI,
Villareal, Católica, Pacifico, Ricardo Palma, si deseaban ser ingenieros,
doctores, abogados o economistas, pero si querían ser técnicos postulaban a
Senati o algún instituto privado; sin embargo con el régimen de Alberto
Fujimori las universidades no se daban abasto para los miles de postulantes
como sucedía con la San Marcos que realizaba un solo examen de admisión anual
para cinco mil vacantes se presentaban cincuenta mil jóvenes, por lo que se
permitió fundar nuevas universidades mediante promotores e incentivar los
programas de educación a distancia.
Pero como sabemos “hecha la ley, hecha la trampa”, se empezó a ofrecer en
estas nuevas universidades modernos laboratorios, amplios salones, claro que
estos beneficios tenían su costo por lo que el precio por estudiar aquí era relativamente alto,
pero todo era válido por un mejor futuro frente a universidades como las
nacionales que estaban en su peor momento acechadas por el terrorismo, los
cortos presupuestos para su infraestructura, por lo que la cantidad de
postulantes se redujo drásticamente y
muchos padres preferían a las
nuevas.
El caso de la San Marcos, se vio obligada a
organizar dos exámenes al año, además la situación empeora cuando las fuerzas
armadas toman el control interno de estos centros de estudios, agregándose que
además de la Asamblea Nacional de Rectores (ANR) se creó la Comisión Nacional
de Funcionamiento de Universidades(CONAFU), cuya labor sería confirmar con el
cumplimiento de los requisitos para brindar un buen servicio educativo, pero como en el desierto estos universidades
particulares eran espejismo porque los modernos laboratorios, los amplios
salones y docentes de primera línea solo aparecían en los folletos informativos
porque incluso algunas funcionaban en cocheras.
Frente a todo esto, en las
mediciones internacionales revelaban una bajísima calidad porque ninguna
figuraba entre las mejores de Sudamérica, pues uno de los defectos es que por
un sobre con dinero se aprobaba el funcionamiento de la universidad,
incluyendo las sedes en provincias y la
falta de reconocimiento por parte del Ministerio de Educación, agregándose que
a nivel del estado también por un tema populista se creaban más
universidades nacionales, sin tener en cuenta el presupuesto respectivo, el
local y el personal docente, solo por complacer a los electores.
Para combatir este caos durante
el gobierno de Ollanta Humala se trabaja una nueva ley universitaria que marcaba
algo importante, los docentes en un gran porcentaje debían tener doctorados
para ejercer la carrera, además de crear la Superintendencia Nacional de
Educación Universitaria (SUNEDU) y se desactivaba la ANR porque ya no cumplía
su trabajo de fiscalización, pero las rebeliones de los afectados (autoridades
universitarias) indicando que presentarían amparos legales ante el poder
judicial o rechazarían que las comisiones evaluadoras.
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